
Esta semana mi cari y yo hemos renovado nuestra promesa de amor por ¡35 años más!
Los que dura la nueva hipoteca.

Ahí van mis tres pequeños yéndose a la cama. Cada uno con uno de sus libros de cuentos. Hasta la más peque, que aún no sabe decir más que un puñado de palabras. En casa hay un pasillo muy largo. Sesenta metros de piso, pero un pasillo muy, muy largo. Y una de sus paredes está llena de baldas, desde el techo hasta el suelo.

No sé por qué nos empeñamos en pensar que debemos ser felices. Es absurdo, ridículo, contra natura.
"Mereces ser feliz". Mil veces nos lo han dicho y mil veces nos lo repetimos. Será para creérnoslo. Un acto de fe. Nada más.
La felicidad no existe. Sólo nos la hemos inventado.

Otra noche sin dormir. La cabeza dando vueltas. Tienes que relajarte. Él ahora está dormido. No pienses, no pienses. Duerme.

Desgana, pereza, olvido... Dejadez.
Montañas de dejadez; aludes de dejadez; diluvios de dejadez...
Desapareceré.

¿Os acordais de mi lindísima princesa, a la que le encantaban los cuentos? Pues ayer volvíamos en el coche después de pasar el día con mi famlia. Habíamos ido a comer a un merendero, habían estado corriendo un montón detrás de Humphry, el nuevo cachorro de mi primo, y después nos habíamos ido a patinar. Paseamos un rato, nos tomamos el mejor chocolate con churros que había probado nunca y, al caer la noche, regresábamos a casa. -"Mamá, ¿luego me dejas el "uor"? Es que dice mi profe que ahí se puede escribir"

Y al final ha llegado la tempestad que venía amenazándonos. Sabía que llegaría, pero nunca pensé que fuera tan amarga.

Me río de las veces en que pensé que dejar de amarnos a escondidas era sólo cuestión de tiempo.

Acabo de prepararlo todo y estoy aquí esperando a que llegue el rey Baltasar con los últimos regalos. Los niños por fin están sopa, ¡menos mal!, porque el cabroncete "mi cariño", así le gusta que le llame, estuvo en danza hasta casi medianoche. Quería ver a los reyes, y yo que si no te duermes no vienen, y él que si se habrán comido ya el roscón y los dulces que habíamos preparado... ¡pero si hasta dejaron hierba y agua para los camellos! Así que ahora, cuando Baltasar llegue, mientras los reyes escriben una carta con lo de "como habeis sido buenos..." , nosotros nos pondremos morados a lacasitos y polvorones, y hasta puede que nos acabemos la hierba... la de los camellos, digo... (!?)

El otro día traía el períodico que en enero subirá el gasoleo 3 céntimos de euro para igualarnos con Europa. Y pienso yo que ¡ya era hora!, digo, lo de igualarnos con Europa. Así que me voy corriendo a la guarde de mi peque, que me anulen la matrícula; que dice el gobierno que, hasta que cumpla los tres, me quede yo en casa con ella. ¡Todo sea por Europa!