¿Cuáles?

Hay como siete en la mesa, contaría. Se mueven tanto que parecen más, o se arriman a ratos unos a los otros que parecen menos. Hay cariño y risas veo. Un grupo armonioso que desprende algo, al que me encantaría pertenecer ahora. Al que me gustaría arrimarme sin ser notado y siendo visto. Al menos puedo oír lo que hablan.
Hablan de diferentes cosas, de diferentes mundos, conversaciones que se cruzan, se colapsan y se entregan a otras.
-O ya, ese concierto- dice una dama en un pantalón ajustado y una camisa roja. - ¿Estuviste también?, yo también estuve. ¡Que coincidencia!
- ¿Segura que estuviste?, dice ahora la dama de labios rojos y cabello blanco. Lo dudo bastante.
Silencio en la mesa de repente, todos se percatan de algo.
- ¿Y por qué lo dudas? Nos conocemos hoy por primera vez. Te juro que estuve en ese concierto.
-Lo recuerdo y no dejaban entrar niños.
-Tenía ya 17 o así. Como no me iban a dejar entrar. Fui con un grupo de amigas. No olvidare esa noche.
Silencio en la mesa.
- ¿Qué pasa? Dice la dama de rojo. -Es verdad que fui ¡lo prometo! - ¿Pero qué mosca os ha picado? Os conozco hoy por primera vez, ¿por qué os iba a mentir sobre si he estado en un concierto o no? - Mira ahora confusa a Antón, su pareja. - ¿Por qué me miráis así?
- Cuantos años decías que tenías.
-48
-No me salen las cuentas. Yo tengo 53 y estuve en ese concierto con 16. Y suerte que fui con mi hermano que conocía a los de la entrada. No me creo que dejasen a alguien entrar con 12 años.
Silencio.
La dama de rojo mira a Antón.
El mueve la cabeza, molesto.
-¡Agh!, lo reconozco me he quitado unos años, una tontería. Cinco años más cinco años menos. Todas lo hacemos.
Las tres damas restantes se miran extrañadas.
De la esquina levanta un poco la cabeza un hombre calvo y risueño. Los demás están serios ahora; y pregunta - ¿Cuáles?
- ¿Cuáles qué? Responde la dama de rojo.
- ¿Cuáles te has quitado? Dice ahora rápida la señora a la derecha del calvo. - ¿Que cinco años te has quitado de tu vida?
-No entiendo- dice ahora la dama de rojo insegura.
La de blanco habla suave con su mirada fija ahora -Te has quitado cinco años de tu vida. ¿Qué cinco años te has quitado? ¿Cuales? ¿De los 17 a los 22? ¿Cuándo tenías 19, seis meses con 33? No sé, cuales es lo que queremos saber.
-Sí, - dice ahora el calvo. -Nadie ha mentido a nadie aquí. Nos terminamos de conocer y me parecería terrible que el primer día hayas entrado con una mentira. Quizá no lo es. Has dicho que tenías 48. Te has quitado cinco años, y eso lo puedo aceptar si, sé que anos te has quitado.
La dama de rojo se vuelve y mira a Antón pidiendo ayuda en sus ojos.
-Son mis amigos, te lo dije, sin ellos no soy yo. ¿Cuáles te has quitado?
Ella le devuelve la mirada furiosa y hace el gesto de levantarse. Cuando la dama de blanco coge su mano se para. -Siéntate, venga relájate. Se que no eres una mentiros, dinos cuales.
La dama de rojo baja los ojos ahora. Sumisa. Ahogándose en su bebida. Un silencio denso de niebla y calor es roto por entrecortadas palabras. -Cuando perdí la niña esos los quiero borrar, no solamente los 8 meses en mi vientre, luego, que se desparramo un vacío en mi mundo. Nacido un vacío, un vacío con nombre y una cara rosada que ya había visto tantas veces en mis sueños, un ser que no estaba. Parece absurdo que un ser que no está ocupe tanto espacio, un lugar, pero lo hacen. Borraría esos dos años y los sigo queriendo borrar eternamente. Luego hay que seguir viviendo, el tiempo se deja enterrar, la tristeza no. -aprieta su mano ahora la dama de blanco mientras la de rojo dice -Un año tumbada después del accidente. Me descuidé, no sé -caen lagrimas ahora- me descuide. Ese niño salió de ninguna parte, no le vi, no le pude ver. El volantazo y empotrarme contra un árbol fue lo de menos. El año recuperándome en una cama duro una eternidad. Cada vez que cerraba los ojos veía el niño saliendo volando. Sangrando en el suelo. Si pudiese borrarlo, borrarlo todo – solloza ahora – Mi papa murió de repente, como hay que morir, tumbado de un día a otro en la cama diciendo algo hermoso al despedirse. Mi mama se olvidó de sí misma los últimos dos años, y sufría, me miraba lejana intentando comprender algo en ese dolor que vencía a su cuerpo. La cuide, día a día, noche a noche mientras me iba olvidando e iba perdiendo la esencia de sí misma. Y el dolor, el dolor de no saber y el dolor del otro, de dentro. Cuidar a alguien que no te reconoce es duro, que te grita, que no te sabe y al que sigues perteneciendo. Dos últimos años que borraría. - Y comienza ahora a llorar a moco tendido.
Antón la abraza. La dama de blanco acaricia ahora su mano, respira ahora más tenue mientras las lágrimas van dejando de brotar.
-No nos has mentido entonces. -dice ahora suave – Todos tenemos derecho a quitarnos algunos años en la vida -Y por cierto Estuvo muy bien ese concierto, ¿recuerdas? Cuando intento romper la guitarra y después de tres intentos no pudo… glorioso. Creo que fue en ese momento cuando dejo el heavy y comenzó con el pop que le hizo famoso, una pena.
¡Se ríen ahora todos! La dama de rojo comienza a reír también. Y se pertenecen todos a todos.

Vuelve la risa a la mesa y el cariño. las palabras nacen y mueren entre risas y carcajadas. Un grupo armonioso que desprende algo, al que me encantaría pertenecer ahora, y siempre supongo.