
Para.
No me enredes con palabras.
Ya no quieras confundirme.
Mira que apenas me sostengo.
"Porque sé que existe el cielo..."
No me dejaré ir.

Vuelve a retumbar con fuerza la estridencia dentro de mi craneo.
Me pide desaparecer de mí. No sentir más lluvia.
Mis huesos chirrían bajo la presión de mi alma.

Ahí van mis tres pequeños yéndose a la cama. Cada uno con uno de sus libros de cuentos. Hasta la más peque, que aún no sabe decir más que un puñado de palabras. En casa hay un pasillo muy largo. Sesenta metros de piso, pero un pasillo muy, muy largo. Y una de sus paredes está llena de baldas, desde el techo hasta el suelo.

Actividad 1. Busca dos finales distintos para este cuento:
Érase una vez en un país muy lejano, bla bla bla, bla bla bla bla, ….
Final 1: Follaron y fueron felices.
Final 2: Fueron felices y follaron.

¿Quién reconoce el fuego? Encadenan lo que pasa al tratar con ellos... las manos se niegan a seguir, van hacia ti y se llenan de polvo, incluso es difícil cubrirlas ante el siguiente paso. Tiempo en la respuesta, encuentra rendijas de deliciosos manjares, vuélvete ciego ante ellas e intenta cubrir nuevamente las manos ya sin dedos...Juguemos con los anillos inexistentes y el sonido del agua esperará para rompernos el tímpano y dejarnos sordos.
Espera desde un cuerpo inesperado, dibuja niebla negra en la noche blanca.

¿Os acordais de mi lindísima princesa, a la que le encantaban los cuentos? Pues ayer volvíamos en el coche después de pasar el día con mi famlia. Habíamos ido a comer a un merendero, habían estado corriendo un montón detrás de Humphry, el nuevo cachorro de mi primo, y después nos habíamos ido a patinar. Paseamos un rato, nos tomamos el mejor chocolate con churros que había probado nunca y, al caer la noche, regresábamos a casa. -"Mamá, ¿luego me dejas el "uor"? Es que dice mi profe que ahí se puede escribir"

Sentir la brisa en la cara,
y respirar.
Recorrer las recónditas simas
del conocimiento.
Descubrir un mar
no tan bello, ni profundo.
Y olvidar que he nacido.

Y al final ha llegado la tempestad que venía amenazándonos. Sabía que llegaría, pero nunca pensé que fuera tan amarga.

Me río de las veces en que pensé que dejar de amarnos a escondidas era sólo cuestión de tiempo.

Y me miro cada noche en unos ojos, en tus ojos: dulces ojos. Me enamoré de esos ojos desconocidos (ojos llenos de ti). Me enamoré de tus labios que no hablaron (besaron). De tus manos firmes.