Allí por Tarragona en Avinguda de Ramón y Cajal, camina un hombre cabizbajo, arrastrando los pasos en una tarde que huele ya a otoño. Se acerca otro hombre con triste semblante.
-He oído lo de tu hija, lo siento muchísimo. ¿Quieres que te acompañe?. No te vi salir del tanatorio…

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Imagen de Javi

La papeleta

Allí por Barcelona en La Rambla, a la altura del mercado de la Boqueria, están dos señoras hablando, recién encontradas con las bolsas llenas de viandas en sus manos.
-…Ya, una vergüenza eh.
-Cuantos millones dijiste, sesenta y cuantos.
-Sesenta mil, millones eh, ósea casi mil quinientos euros por persona…
-Y no los van a devolver. Ya me explico porque la banca no para de ganar dinero!!

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- Si has perdido el silencio que prisa tienes entonces.
-¿Qué?
- Que si has perdido el silencio que prisa tienes entonces.
-Anda déjame en paz, yo no he perdido nada. Tengo simplemente prisa.
-¿Prisa? Toda la prisa del mundo no va a hacer llegar el próximo tren más rápido, creo que tenemos que esperar lo mismo aunque tu prisa sea mayor.
-¿Quién carajo eres tú? ¿ Nos conocemos?
-¿Qué has perdido?
-Eh… he perdido el tren, joder, por medio minuto, ¿te parece poco?.

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Y otra frase borrada. Otra que ya no existe. Antes, cuando tenías que arrugar el folio, eso le daba un significado más profundo a la decisión de convertir en inútil una frase, una idea sangrada en el papel, un borrón o un dibujo, entonces, ya existía, solo podías transformarlo, quemarlo quizá y soplar las cenizas de las palabras muertas, pero ya existía. No podías borrar su existencia, había nacido en el interior de alguien, en sus manos, en el árbol muerto transformado en túnica donde dejarse arrastrar del interior a la tinta.

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