Tres cuentos cómicos de hoy en día

Imagen de Javi

La abuela María rebuscaba sin esperanzas lentamente por toda la casa. Cansada de vivir o de ver malvivir a los que amaba arrastró luego sus pies al mercado, contó las monedas que había conseguido y miró esperanzada de puesto en puesto. Recorrido entero el mercado, se acercó finalmente a uno de los puestos y pidió medio kilo de papas, "sí, de esas, de las más baratas", "tres pesitos y cincuenta centavos", contó de nuevo el dinero, "disculpe me quedan tres pesos, quiteme alguna", el hombre le miró a los ojos sin expresión, en algún lugar sus ojos eran comunes "no importa", y le tendió la bolsa. Cuando María se alejaba el hombre le dijo, "espere" y le dió dos cebollas y una papa más.
María volvió despacio, arrastrando la vida en sus pasos roidos, llegó a cuatro muros medio caídos, casa, entró y peló despacio las cebollas, luego lloró pelando las papas, puso una poca leña un cacerolo en el fuego, echó agua, que su nieta había traido del río, cada vez menos transparente. Se sentó pensando en las palabras de su nieta "abuela hoy nos dijeron en la escuela que hay que comer carne por lo menos dos veces por semana", "que es carne?" pregunto su nieta mas pequeña "cuando vivian papa y mama eso rojo que nos daban, aunque tu eras muy pequeñita y a ti nunca te dieron" "la hay de mas colores"dijo su tercera nieta, "yo la he visto en una tienda y la tienen de muchos colores", la abuela pensaba en sus nietas que volvían ahora de la escuela. Iban cuando no llovía, cuando llovía se cerraba, cuando el pobre don Julian estaba enfermo tambien se cerraba y ahora con sus 86 años eso ocurría cada vez más a menudo.
Comenzó a cocer las papas y la cebolla, echó apenas sal que le quedaba, luego mirando a la nada afiló despacio el cuchillo, ató un trozo de vestido roto a su brazo y comenzó cortando su mano en pedacitos, el dolor era algo que había perdido hacía tantos años de dolor, luego trocitos de la carne de su brazo. luego lo limpio todo de su piel arrugada y lo echó a la cazuela, corrió la cortina que separaba la cama compartida con sus tres pequeñas nietas de la cocina y se tumbó en ella dejandose morir.
Dejó fuerzas sólo para gritar cuando oyó entrar a sus nietas a la cocina, "no entreís a darme un beso que no me encuentro bien, comed primero, la comida esta al fuego, ya lista, luego cuando hayais acabado pasad a darme un beso cada una".
Y murió gotita a gotita de la vida que había perdido gotita a gotita sonriente al oir a sus nietas riendo "... y ësto es carne?, que rico, dame un poquito mas".

Florencio en su puesto pensó que hacía mucho calor, malo para la papas, peor para la cebolla, quitó otras dos podridas del montón y las tiró, le gustaba el olor de la cebolla pero no era eso lo que ocupaba su mente hoy. La historia que acababa de leer de la abuela María le había encantado, la volvió a leer y finalmente la recortó para leerla mas adelante. Había oido la historia y la había leido en muchos periodicos pero por eso había comprado "El suceso de hoy". Cuando sabía de alguna historia suficientemente curiosa juntaba unos pocos pesitos que nunca le sobraban y compraba este periodico. En él escribia Federico Ramírez, era un periodista mediocre y se decía "dices más mentiras que Federico Ramirez" pero él siempre defendía que no mentía tanto y llegó a acabar cada columna que escribia con "juro que al menos la mitad es verdad" y cualquiera que leyera su columna juraria que al menos la mitad era mentira.
Pero Florencio, tumbado a la espera de vender algo más sabía que aquel redactor de sucesos hacía la muerte mas agradable, la vida menos, aunque era tan poquito agradable de por si, sabia sacar la soledad de un suicidio y la suerte de un asesinato.

Juan Hernandez leía este cuento mientras acababa su cafe, cuidadoso de no manchar su corbata miró de reojo su reloj, se levanto diciendo a su cocinera "volvere tarde, dejeme algo preparado en mi microhondas""que tenga un buen día el señor". Acabó de leer el cuento en su coche aunque tuvo que repetir una linea cuando su conductor pasó por encima de un bache. pensó en el cuento despació, decidiendo si le gustaba o no, no le solian gustar los cuentos en el que salia la clase popular pero aquel le habia disparado su imaginación. Al salir de las Lomas se encontraba pensando como sería la carne de la abuela, intentó imaginarse el sabor y penso en la carne de avestruz, por alguna razón que no entendia, luego pasó a pensar en las niñas, "...esas tristes tres princesitas vestidas de harapos...", como decía ese odioso periodista que solo valia para componer narcocorridos, sí, había hecho alguno bueno eso no se podía negar. Pensó en ellas con dientes afilados, comiéndose a a sus nuevos padres adoptivos, luego se las imagino como tres pequeñas vampiras, atacandole, abrió los ojos, llegando ya cerca de la empresa, asustado y excitado, esa excitación le asustó más y su mente volvió a esa mala racha en la que sólo gracias al dinero se salvó de la humillación y la carcel.
Debolvió cientos de sonrisas y saludos amables al entrar en el edificio, era un buen jefe para todos, un padre a veces y catorce horas después volvió a su casa, calentó su cena en su microhondas sin quitarse a las tres niñas de su cabeza. Pensó seriamente en aplicar también para la adopción, pero el hecho de no estar casado y con la prensa que las perseguía sería demasiado dinero hasta para él. Comió mirando su tele, y se quedó dormido.

Se sintió extraño al acabar de leer este relato, no sabía por qué. Leía bastante para entender más a la gente, para entender mejor su alma, para perdonar mejor. Aquel era un pequeño pueblo de días identicamente grises que sólo cambian por algún entierro. Eso era todo. Luego alguna misa y si aburrirse no le hubiese parecido un pecado lo hubiese hecho muy a menudo, había tan poquito que un cura pudiera hacer allí como ser.

Y aquí nace el tercer relato cómico... creo.
Las razones que le llevaron a ordenarse como sacerdote pueden parecer curiosas pero al menos el cincuenta por ciento es real.
Había sido siempre un niño introvertido debido más que a algo psicologico o perdido en su mente, a un nivel de sordera que sus padres nunca llegaron a descubrir. Aquel niño "raro" quedó en el pueblo con los abuelos, pensaron sus padres alibiados de excusa a ver si el campo y el aire de la montaña le hacían salir del autismo, que no era autismo, que era sordera pero sin gastar en medicos esa fue la decisión paterna.
La abuela que en vez de calabazas o tomates, o pimientos o ensalada o tantas cosas plantaba sólo papas y cebollas y las hacía con la carne de las gallinas ya viejas. El abuelo, que siempre tomó aquello como extraño pero lo extraño se hace normal con los años no le daba importancia, y Federico, el que luego sería cura, comía cansado papas y cebollas, sorbía el caldo y apartaba esa carne dura que la abuela comía sonriente.
Y eso era todo de la abuela, era una abuela normal no hay más que contar, la recuerdo vestida de negro pero seguro que cuando viví con ella vestía de colores, recuerdo que no lloraba pelando cebollas, a mi se me caían las lágrimas cuando la ayudaba, obviamente tampoco lloraba pelando patatas aunque yo sí, porque me pegaba una zurra cada vez que "tiras más papa que monda" y eso ocurría siempre.
Yo amaba al abuelo, que me contaba historias cuando me sentaba en sus rodillas, al calor del fuego mordisqueando algún dulce que el siempre conseguía diciendome "mira lo que trajo un pajaro para ti".
Luego fue la guerra, y seguimos comiendo papas con cebollas, luego menos cebollas, llegaron noticias de la muerte de mis padres, que fue de mis hermanos nunca lo supe, luego acabó la guerra y comíamos menos, luego ocurrió lo que me llevaría a ser sacerdote.
Llovía ese día creo, caían truenos me imagino y hacía frío supongo. la guerra había pasado sin muertes en aquel pueblo, había pasado con hambre eso sí, ahora estaba una dictadura decían, con hambre tambien, nada había cambiado.
Fue entonces, luego de la guerra cuando empezaron los muertos. Por las noches llamaban a alguna casa, se llevaban a alguien y en el monte se oían disparos, que no eran truenos entonces, luego por la mañana se cavaba una tumba y se subía a por el muerto. Nadie hablaba de eso, "pobre Faustino""que en paz descanse", es lo único que se volvía a oir del muerto, había hambre y silencio despues de la guerra.
El día que se llevaron al abuelo la abuela se quedó en silencio, lloró pelando las papas y la cebolla, luego se oyeron disparos por la noche, no llovía no podian ser truenos, y la abuela y yo nos sentamos tiritando al excaso fuego.
Se oyeron ruidos en la puerta y entró el abuelo ensangrentado, se arrastró hasta el fuego mientras se oían pasos que corrían detras, se intentó levantar agarrandose a la cacha pero no pudo, entonces me miró y me susurró "hazte facha", diciendo esto murió.
Se asomaron unos hombres armados pero al verle muerto se marcharon riendo.
Fue así como pocos años despues, por el recuerdo de las últimas palabras de mi abuelo, intenté alistarme en algún movimiento de la dictadura, pero, era muy dificil y medio sordo y con tanta gente esperando su turno para unirse no lo conseguí.
No iba a dejar tan facilmente que la última voluntad de mi abuelo se desvaneciese, ya que no podía ser facha, imagine que siendo de algunos de los que apoyaban a los fachas el abuelo descansaría en su tumba orgulloso, asi que imposible de intentarlo en el ejercito por la sordera ni la policia me uní a la iglesia.
"Hijo mio, no importa que no oigas a tus feligreses, dios lo oye todo, quizá hasta sea un don y no un problema, lo importante es que ellos te escuchen" con estas palabras tendió su mano el obispo para que besase su anillo y unos años despues me ordenaron sacerdote.
Todo el tiempo viví con mi abuela que no me volvió a decir ni una palabra, pensé que al menos estaría orgullosa de que hiciese todo esto por el abuelo pero simplemente viviamos juntos sin que yo existiese para ella. Luego ordenado y en las paroquias que me fueron asignando la llevé conmigo, ya que la pena que me daba la pobre mujer sola era grande, y nosotros como guías de la iglesia tenemos mas razón para dar ejemplo. A parte de que lo espiritual no deja mucho tiempo para el cuidado de la casa y demás cosas materiales.
Y así hemos vivido juntos, con su silencio, que yo no la he dejado de hablar, porque hay que perdonar tantas veces como sea necesario.
Y cuento esto porque está moribunda, y lo estoy pensando antes de entrar a la habitación, para coger fuerzas y ver morir a mi abuela que no me ha hablado en los ultimos cuarenta y tres años. me gustaría oirla decir al menos un adios.
Entro en la habitacion despacio.
"Federico acercate por favor" dice gritando
Me acerco sorprendido, que milagro es este que me habla?
Cojo su mano pero me suelta y dice algo que por la sordera no logro oir.
"que ha dicho abuela?"
"..........." "que qué dice abuela, que ya sabe que no oigo muy bien, hable mas alto"
"que....abuelo.......y ......" "no la oigo abuela!!"
Entonces se irguió y dando un grito con sus ultimas fuerzas dijo
"Que el abuelo era rojo, no pisaba la iglesia y le denuncio Don Pedro, el cura, y por eso le vienieron a matar y lo ultimo que te dijo no fue "hazte facha", fue "dales con la cacha" y diciendo esto cayo sobre el colchon sin aliento sin vida.

Lo ultimo que hice antes de abandonar la iglesia fue enterrar a la abuela, porque no queria que ningún cura estuviese presente, tiré sobre su ataud mi crucifijo una biblia y la ropa con la que había dicho la misa. Salí desnudo sin saber quien soy o que soy, todo lo que he sido ha sido falso, de otros o una confusión.
Para salir de mi comencé a escribir, empece con pequeños pensamientos, luego empecé a escribir relatos comicos, como estos, que no hacían reir, por mas que lo intento no hacen reir, por ser de hoy en día no hacen reir.

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