Metafóricamente

“Respecto a mí eran como la cama en la que duermo
y que no sabe nada de mis sueños”

METAFÓRICAMENTE

Metáforas. Putas metáforas. Chocan con la realidad, se desvanecen, ni siquiera sueñan utopías. Viudas de jóvenes pintores que exhiben sus ausencias huyendo de rituales, que confunden catálogos con manías, que olvidan con la misma facilidad que prometen.

Literatura en pos de malas compañías golpean emocionalmente chantajes de tinta digital. Ludópatas del azar, desaboridos tan repugnantes como las multitudes que se pegan al vaho de los cristales y miran sin ver, y si oyen, no escuchan el silencio.

Un abismo sustancial separa la belleza de las palabras de la ironía de la realidad, de esas historias que se hospedan tras las gárgolas de cruceros oestes de catedrales perdidas. Algo atemoriza la desigualdad, lluvia de frases demagógicas, pensamientos oblicuos... Pierdo exactamente lo que dejo de ganar. No dicen nada, o lo dicen todo. No son más que signos diacríticos infiltrados en una rutina escalonada e indiferente. La realidad, dirían, es sólo un punto de vista.

En Noviembre hay días en que uno está tan triste que querría estar más triste aún.

A quién responder lo que nadie pregunta, cómo escapar de la virtualidad, de la insípida tecnología que nos lleva de viaje a continentes atestados de extranjeros, grandes vacíos (in)humanos que pisotean tu sombra sin saber de su existencia. Tiranos confusamente inadvertidos. Despotismo de una tristeza sin lágrimas con que llorar. ¡Inventar metáforas para quién! Vomitar pasados que nunca acaecieron a merced de manzanillas que calman los recuerdos. No confundamos.

Nada hay más lejos que un presente desorientado, que un amor tormentoso, que un rencor idílico y sediento de símbolos, da igual cual, dónde, cómo, etcétera. Hablar en prosa o en verso, despierto o dormido. Actualmente cualquier tipo de apatía gana mil batallas. Imaginemos cuantas metáforas queramos.

El resto, es poesía.

Lítost
Burgos, 24 de diciembre de 2004