Desde las puntas de mis dedos

Sé que estás ahí
aunque no siempre te muestres,
que sonríes cuando me piensas
y esperas mis pasos...

Siento que me miras,
casi sin querer,
en la noche,
desde lejos.
Que no soy nada y soy risa,
o una pizca de jengibre
quizás...

Y pareces hablarme sin hablar,
llenando de caricias el aire.
Susurros que sospecho nacen
no sólo de tus manos.
También de aquel abril,
su olvido
y esta distancia...

O tal vez me equivoque;
tampoco importa.

Mientras yo,
sorprendida,
voy poco a poco
desperezándome...

Y me divierte.

Sin preocuparme
qué quiero,
qué siento
ni soy.

Pero al menos escribo.

Gracias,
por venir a desencallar
las entumecidas puntas de mis dedos.