Reflexiones

Qué quiero hacer después de un viaje en el que no hay retorno. La música empaña los cristales y nubla el clamor del cielo. La tristeza...¿Qué es? Esos sentimientos sin verbo. ¿Dónde voluntad?, ¿dónde? No creo que eso sea correcto, no creo. Escuchar el deseo, difícil para un sordo. Percibir sus rayos fugaces y leves. Buscar es lo que hago. Perderme o no entrar en el fuego. Mucho miedo. Tratado sobre el deseo. Gastar tinta, permitir que los astros me sucumban. El sodomítico atardecer no hace más que violar montañas. Peces sin río y aves sin morada. Nidos vacíos. ¡Calla! Por Dios, no sigas así. Vuelta y vuelta, no muy hecha. Descarga tu peso en mi. No esperes nada. Yo te lo daré todo. No pierdas la calma...oO

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¡Riiiiiing! ¡¡Despierta!! ¡Venga coño! ¡Que te espera un frenético día!... Así es la vida en las grandes inhumanas ciudades, demasiada rapidez… ¿Para qué? “Su Mac pichen sin cebolla y con patatas, señor” eficacia, ahí lo tienes en cinco minutos. Gasolinera, cartel que dice “sírvase usted mismo” gasolina en cinco minutos. Carnicería, “Recoja su ticket, por favor”. Otro “Masajes en diez minutos”...oO


Me he quedado dormida. Con cuidado me alejo para no despertarme mientras me veo a mí misma inerte. Mis párpados soportan el peso de cien siglos, mi cuerpo intenta inutilmente despojarse de este cansancio eterno. Y me siento tan sola que penetro en mi mente para quedarme un rato haciéndome compañía...oO


Inercia, inercia, inercia, ...
me levanto y camino por inercia,
sonrío y lloro por inercia,
sobrevivo por inercia.

He jugado a despojarme
de todo lo que me sepulta,
he decidido dejar de ser la madre de alguien,..oO