desconocido padre de mis hijos

Y me miro cada noche en unos ojos, en tus ojos: dulces ojos. Me enamoré de esos ojos desconocidos (ojos llenos de ti). Me enamoré de tus labios que no hablaron (besaron). De tus manos firmes. De tu sexo. De ti. Compartí contigo un momento: pero te quedaste para siempre. No quiero mas mentiras, sólo te quiero a ti, que estás lejos, a ti que no te conozco, que no estás. Tu que no existes mas allá de mis sueños, que no eres más que un fantasma que cree para mi, un espectro que me ha robado el alma. Un hombre que no puede dañarme. Un hombre que nunca pensará que no me amá. Un hombre sin ojos que pregunten, que duden, que juzguen; sí ojos que me digan en silencio, lo que no puedo oir con palabras. Mi hombre, el que inventé perfecto y lejos. Tú mi perfecto desconocido. Un teléfono que nunca descolgaste y un nombre que nunca pronuncié. Ya casi no te recuerdo, pero cada noche apareces nítidamente en mis sueños: me besas, hablamos, nos acariciamos infinitamente. Compartimos viajes, ilusiones, cenamos con mis amigos y descansamos en el pueblo con tu familia. Hemos comprado una vieja casa que poco apoco estamos adecentando. Cada mañana cuando despunta el sol, te dejo durmiendo y disfruto contenta el día, porque sé que al llegar la noche, cuando el ensueño se posa en mis párpados, desciendes para colarte entre mis sábanas y colmarme de placer.