nada

Nada reprocharte puedo, nunca mentiras,
ni siquiera las de juego, siempre verdad,
hasta en tus pésimos besos. Nunca me amaste,
ni soñaste con ello,
y ahora me dices: no más,
todo está bien, todo perfecto.
Y si el pecho se me parte, razón no tengo,
porque conmigo siempre fuiste bueno,
pero mi pecho se empeña, y
necesita tu cuerpo,
y mi ser se desquebraja lentamente en un lamento,
llora por lo que no puede ser,
Tu presencia hiere y cruje
y sólo deseo tener otra vez
entre mis manos tu sexo.