Al principio no me gustó. Su aspecto dejado y su aliento a cerveza me molestaron. Yo estaba dormida en un portal y él vino a refugiarse de la lluvia a mi lado. Ni siquiera reparó en mi presencia, sólo en la mitad de la noche, cuando el frío le hizo tiritar, acudió a mí y nos dimos calor. Dormimos acurrucados hasta la madrugada, calados, encogidos, solos. Cuando empezaba a amanecer, las patadas de aquel guardia que gritaba demasiado nos echaron con cajas destempladas de nuestra recién estrenada alcoba y, mientras él se defendía con medias palabras farfulladas por su lengua adormecida, yo opté por la indiferencia y esperé a que la tormenta pasara. No tenía a dónde ir y tampoco nadie me esperaba en ningún sitio, su compañía no era ni mejor ni peor que la de otros. Me miró como preguntándome y yo sin contestar acompañé sus pasos...oO