Escritos de Gelouin

En medio de la oscuridad, Raquel había sentido la necesidad imperiosa de gritar, pero su garganta no se lo permitió. No había sido un sueño, era la realidad más absoluta quien la perseguía. Todavía se escuchó a sí misma la respiración entrecortada y notó los golpes de su corazón en el pecho. Se levantó con la única idea de no pensar. A tientas llegó hasta la bañera. Sí, un baño le sentaría bien, la relajaría. Buscó unas velas e improvisó una especie de velatorio flotante. Cuando se sumergió en el agua aún temblaba. Tomó aire y el agua la envolvió...oO


Cuántos tumbos todavía he de dar antes de volver una vez más al mismo punto en que me encuentro. Abril se ha ido, su color se ha borrado, ya no quedan más que las frases calladas que el tiempo nunca podrá escribir...oO


Hace mucho, mucho tiempo, en un lejano país, vivía una feliz princesa tan linda como la aurora. Sus ojos, negro azabache, eran limpios como el agua y su perenne sonrisa tan dulce como el azúcar. Casi siempre se la veía con un libro entre las manos y, mientras pasaba sus páginas, su rostro revelaba las fantásticas historias que su mente imaginaba. La música era otra de sus encantadoras pasiones, el dibujo, la escritura, los juegos, las preguntas y la danza. Pero si algo había que la hacía realmente hermosa era su corazón de oro y la inocencia de sus manos, por eso todos en aquel reino, más que quererla, la adoraban...oO

10

Al principio no me gustó. Su aspecto dejado y su aliento a cerveza me molestaron. Yo estaba dormida en un portal y él vino a refugiarse de la lluvia a mi lado. Ni siquiera reparó en mi presencia, sólo en la mitad de la noche, cuando el frío le hizo tiritar, acudió a mí y nos dimos calor. Dormimos acurrucados hasta la madrugada, calados, encogidos, solos. Cuando empezaba a amanecer, las patadas de aquel guardia que gritaba demasiado nos echaron con cajas destempladas de nuestra recién estrenada alcoba y, mientras él se defendía con medias palabras farfulladas por su lengua adormecida, yo opté por la indiferencia y esperé a que la tormenta pasara. No tenía a dónde ir y tampoco nadie me esperaba en ningún sitio, su compañía no era ni mejor ni peor que la de otros. Me miró como preguntándome y yo sin contestar acompañé sus pasos...oO