Relatos

Relatos para gatos

¡¡Aaaaa!! bostezó aburrido, luego se acercó a mí y sin decir una palabra volvió a meterse en la cocina. No es que él cocinara, nunca lo hacía, lo hizo al principio hacía años cuando me invitaba a cenar en su piso, delicioso, como delicioso era su aroma, cesó, decía mi mano al abrazarle...oO

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La abuela María rebuscaba sin esperanzas lentamente por toda la casa. Cansada de vivir o de ver malvivir a los que amaba arrastró luego sus pies al mercado, contó las monedas que había conseguido y miró esperanzada de puesto en puesto. Recorrido entero el mercado, se acercó finalmente a uno de los puestos y pidió medio kilo de papas, "sí, de esas, de las más baratas", "tres pesitos y cincuenta centavos", contó de nuevo el dinero, "disculpe me quedan tres pesos, quiteme alguna", el hombre le miró a los ojos sin expresión, en algún lugar sus ojos eran comunes "no importa", y le tendió la bolsa. Cuando María se alejaba el hombre le dijo, "espere" y le dió dos cebollas y una papa más...oO

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-Pero, si gano...¿qué gano?, y si pierdo, que pierdo?
Reflexionó un rato sobre sus propias palabras y sonriendo dijo.
-trato hecho!
-trato hecho? sin saber lo que has de ganar o perder?. Preguntó moviendo su cola roja y rascándose un cuerno...oO

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Conocí a Max un domingo por la mañana, sobre las diez y diecisiete, acababa de llover y yo llevaba mi impermeable azul, horrible pero práctico. Él se arrebujaba en un abrigo amarillo feísimo, pensé cuando me lo presentaron que me tenía que alejar de él lo antes posible ya que juntos parecíamos un Miro y uno de sus amigos llevaba una camara digital. Ante ese miedo a que me fotografiasen con esas pintas desaparecí rápidamente después de quedar para cenar con Max el viernes siguiente...oO

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