Relatos

Relatos para gatos

La abuela María rebuscaba sin esperanzas lentamente por toda la casa. Cansada de vivir o de ver malvivir a los que amaba arrastró luego sus pies al mercado, contó las monedas que había conseguido y miró esperanzada de puesto en puesto. Recorrido entero el mercado, se acercó finalmente a uno de los puestos y pidió medio kilo de papas, "sí, de esas, de las más baratas", "tres pesitos y cincuenta centavos", contó de nuevo el dinero, "disculpe me quedan tres pesos, quiteme alguna", el hombre le miró a los ojos sin expresión, en algún lugar sus ojos eran comunes "no importa", y le tendió la bolsa. Cuando María se alejaba el hombre le dijo, "espere" y le dió dos cebollas y una papa más...oO

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-Pero, si gano...¿qué gano?, y si pierdo, que pierdo?
Reflexionó un rato sobre sus propias palabras y sonriendo dijo.
-trato hecho!
-trato hecho? sin saber lo que has de ganar o perder?. Preguntó moviendo su cola roja y rascándose un cuerno...oO

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Conocí a Max un domingo por la mañana, sobre las diez y diecisiete, acababa de llover y yo llevaba mi impermeable azul, horrible pero práctico. Él se arrebujaba en un abrigo amarillo feísimo, pensé cuando me lo presentaron que me tenía que alejar de él lo antes posible ya que juntos parecíamos un Miro y uno de sus amigos llevaba una camara digital. Ante ese miedo a que me fotografiasen con esas pintas desaparecí rápidamente después de quedar para cenar con Max el viernes siguiente...oO

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En medio de la oscuridad, Raquel había sentido la necesidad imperiosa de gritar, pero su garganta no se lo permitió. No había sido un sueño, era la realidad más absoluta quien la perseguía. Todavía se escuchó a sí misma la respiración entrecortada y notó los golpes de su corazón en el pecho. Se levantó con la única idea de no pensar. A tientas llegó hasta la bañera. Sí, un baño le sentaría bien, la relajaría. Buscó unas velas e improvisó una especie de velatorio flotante. Cuando se sumergió en el agua aún temblaba. Tomó aire y el agua la envolvió...oO